
Si un día voy a su país de visita, tengan ustedes por seguro que iré a conocerla en persona y hasta puede que le lleve flores. Tal vez al verla, la tome entre mis brazos, la cargue ligeramente y nos besemos apasionadamente como siempre hemos soñado los dos. Tal vez todo sea perfecto. Por desgracia o por fortuna casi nunca voy a países extraños, ni a lugares demasiado lejanos. Tampoco salgo frecuentemente en busca de lugares exóticos o comunes. A veces odio demasiado el tener que ir a la tienda o a la esquina siquiera. Por decirlo en una frase: rara vez salgo de casa, específicamente de mi cuarto. Pero no, no vayan a creer que padezco algún mal o deformación física, en realidad soy un tipo saludable, es sólo que odio tener que ir tan lejos, para luego tener que volver desde tan lejos. Además entre las cuatro paredes de mi cuarto me siento muy bien, a veces mi madre me trae la comida; otras veces tengo que ir hasta la cocina a recoger mi plato del horno, lo cual es terrible para mí. Mis pulmones ya no asimilan muy bien otras atmósferas que no sean la de mi cuarto. El simple hecho de pensar en cruzar el umbral de mi puerta me marea, me hace perder el equilibrio y querer meterme entre mis cobijas y no tener que volver a saber nada del mundo nunca más. Dicen que allá afuera hay una guerra o algo así, no es que me importe mucho. Creo que la sensación está regresando justo ahora. Aquel malestar. Tal vez sea tiempo de dormitar un rato, otro rato, otro rato...
las mujeres interesantes, las mujers invisibles siempre están a un océano de distancia. Y con ellas hasta allá, para qué salir?
ResponderEliminarLo peor de todo es que esa mujer más allá del océano no existen en sí, es la idea; una idea que vive en mí, que se escapa de mí y me deja atrás abandonado, encerrado en mi cuarto, en mi mente y sin fuerzas. A veces quisiera salir corriendo y alcanzarla, viajar a alguna parte exótica (París, Londres, Lisboa...Oaxaca), otras sólo quisiera soñar, apagar mi mente por un rato y navegar sobre la nada :)
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